2011 l REalizado conjuntamente con Elisabet M. Serra, arquitecta

Santa Lucia. Cartagena

Tipo de proyecto Espacio urbano de nueva creación. Concurso

 

Emplazamiento: Barrio de Santa Lucia. Cartagena

Promotor: Ayuntamiento de Cartagena

Superficie construida: 7437 m2

 

Diseño y concepto:

De la misma forma que un río recoge, arrastra y concentra todo tipo de objetos hasta un punto único y común, que es su desembocadura, tres ideas, tres objetivos confluyen en la concreción de esta propuesta, la originan y la modelan:

1. La dignificación del espacio -y por extensión, del barrio- nos lleva a darle un carácter propio y único, fácilmente reconocible. También nos llevan a monumentalizarlo, a proporcionale un elemento que lo identifique, situado en un punto bien visible: La escultura, situada en la parte baja de la rambla, a caballo entre ésta y el puerto, es un prisma en forma de proa orientada hacia el mar, constituida por bloques de tamaños irregulares fabricados en todos los colores posibles del vidrio, que descansan sobre una base de plomo que los asienta perfectamente y se estabilizan por un entramado estructural invisible que permite colocar iluminación en su interior, de forma que, de noche, brillen a modo de faro. El faro de Santa Lucía.

2. La relación y trabazón con el entorno es importante. El entorno construido nos da las directrices de la superficie de los planos, del espacio, y nos permiten relacionarlo con las calles adyacentes y con los edificios que le rodean. Proyectar al espacio público la misma estructura formal que tiene la ciudad nos da garantías de su integración.
El entorno hidrológico del curso del agua, origen del espacio, nos crea y nos ordena la formalización de lo efímero, de los objetos que colocamos sobre la superficie, los cuales fluyen o se remansan en el espacio serpenteante de la plaza-avenida-rambla: marquesinas, luces, árboles, siguen las directrices de la corriente imaginaria y desembocan en el delta que es el límite con el Paseo del Muelle, intentando atravesarlo y conectarlo con el espacio público del puerto. Las extensiones de la propuesta fuera de su ámbito son una consecuencia inmediata y casi involuntaria de la necesidad de extender la rehabilitación del espacio a todo el barrio.

3.La aceptación y comprensión del espacio por sus usuarios
La revitalización de la actividad comercial y social del espacio viene garantizada por los dos polos de atracción situados en sus extremos: el Museo del Vidrio que se está construyendo en la parte alta, y la nueva escultura de la propuesta, en la parte baja, cerca del mar. Estos dos puntos crean un paseo que -esperamos- será recorrido no solo por los habitantes cercanos al mismo sino también por los no cercanos, potenciarán su actividad y le darán vida.
Para que la gente ocupe el espacio se crean puntos de descanso, ligeramente elevados y protegidos del sol por árboles y pérgolas. Se da un tratamiento más suave, no pavimentado, del espacio más amplio, allá donde se abren las edificaciones, en la parte que toca al mar, permitiendo otro tipo de usos en esta zona. Se crean plazas de aparcamiento en el entorno, cerca de los equipamientos y se aleja el molesto obstáculo de los coches aparcados cerca de las casas, muchas de ellas con vivienda en planta baja.
Por último se ha querido crear un espacio que se identifique sentimentalmente con sus habitantes. Esta conexión mental y sensitiva se realiza mediante la memoria histórica de la actividades que dieron lugar y auge a Santa Lucía, hasta no hace mucho: la fabricación de vidrio, la fundición de plomo y la comercialización mediante el puerto y el mar de estos productos. La principal materialización de dicha conexión es la escultura, pero no es la única: la iluminación escogida también recuerda, por un lado, las piezas de vidrio soplado en sus luminarias o los faroles y los aparejos de los barcos, por otro.

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